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idioteces

Egunon Mikel

esta mañana, mientras desayunaba en un bar, he leído esta frase: "ya está bien de depender de la Iglesia para que los niños hagan la comunión". Quien la decía no era una idiota, sino una veterinaria que había apuntado a su hija a una comunión civil en su ayuntamiento y que ahora está esperando a ver si se apuntan más para que la ceremonia tenga lugar.

Me he puesto a inventar frases parecidas, a ver si me salía alguna igual de estúpida. He empezado por una muy vinculada al tema: "ya está bien de depender de la Iglesia para que haya catedrales" (esta no es muy buena para los de Bilbao, porque aquí tenemos una que no es de la Iglesia). Y he seguido inventando: "ya está bien de depender de los dentistas para que te pongan un empaste", "ya está bien de depender de los ingenieros para hacer un puente", "ya está bien de depender del árbitro para que haya partido", o del maestro, para que haya escuela, o del agua, para que haya mar, o río, o de la lluvia, para que haya paraguas, o al revés, o de las aceras, para que haya bordillos, o de los bolardos, para que se forren los carroceros reparando bajos de coches de vecinos de Barakaldo.

Como ves, he terminado en una vorágine enloquecida de idioteces. Y no sé lo que pensarás tú, pero yo creo que ninguna me ha salido tan redonda como a la veterinaria.

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Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.

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