Decía Francino esta mañana que aprovechando el viaje de vuelta de Lisboa, 4000 vizcaínos se habían plantado frente al Bernabéu en la Castellana armado cada uno con un destornillador. Y a ellos se han unido otros 85000 rojiblancos venidos de toda España para cambiarle a Florentino, una cada uno, todas las sillas del estadio. Y para hacerle de paso los baños y dejárselos tan bien que hasta de las oficinas de enfrente se vayan al campo a cagar. El presidente del Madrid, visto el ahorro, rectifica y deja jugar la final en su estadio, e invita a cada seguidor del Athletic a un bocata calamares. Si hechos son amores....
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
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